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Un acto de barbarie

Rose Marie Tapia R.

Mi comentario sobre el acto criminal de los miembros de la Policía Nacional y de los custodios contra los jóvenes del Centro de Cumplimiento no es una reacción, es una reflexión matizada por la consternación, el dolor, la frustración, el espanto. Es como hacer un viaje al pasado cuando las Fuerzas de Defensa masacraban a mansalva al pueblo panameño. Todos habíamos pensado que esa era una etapa superada y que nuestros policías eran dignos de confianza. Pero ahora nos asalta la duda. Y no solo es por el acto de barbarie que presenciamos en los canales de televisión, sino por el intento de justificación que dieron dos miembros de esta fuerza en el programa del periodista Álvaro Alvarado. Ellos argumentaron que los detenidos intentaban fugarse. Los siete lesionados estaban por cumplir su condena. Por favor, no insulten nuestra inteligencia.
Esas unidades de la Policía y los custodios que realizaron este acto son minorías, por ahora. No obstante, sus compañeros no deben justificar sus acciones porque involucionaríamos hacia la barbarie sin la posibilidad de retorno a un país civilizado.
Somos conscientes de que estos jóvenes están pagando sus delitos con una condena a prisión. Lo que no entendemos es que esas condenas se convirtieran en sentencias de muerte. La dirección de Responsabilidad Profesional debe de inmediato separar a las unidades involucradas y ponerlas a órdenes de las autoridades judiciales.
La Policía es la encargada de velar por la integridad de todos los ciudadanos, incluso aquellos que han delinquido. Constituirse en verdugos que al calor de un incidente, por violento que sea, ejecuten una sentencia de muerte es inamisible.
Pregunto: ¿Se han deshumanizado de tal manera que no los conmovió los gritos de estos jóvenes llamando a sus madres? Por supuesto que no. La respuesta de uno de los policías fue: “No son hombrecitos, aguanten, muéranse”.
Hace años cuando escribí la novela: Roberto por el buen camino tuve la oportunidad de tratar a diecisiete jóvenes del Centro de Cumplimiento. Ellos asistían todos los meses a las reuniones del Círculo de Lectura Guillermo Andreve coordinado por el profesor Ricardo Ríos Torres. Estos chicos son seres humanos como sus hijos, nacieron buenos, la sociedad y el entorno los corrompió. La mayoría desea tener la oportunidad de retomar el buen camino. En el corazón de estos chicos renació la esperanza y gracias a Dios muchos de ellos han logrado incorporarse a la sociedad como hombres productivos. Al joven fallecido se le cercenó esa posibilidad. ¿Es justo?

Espero nunca más contemplar una escena tan terrible como el acto criminal y bárbaro contra los jóvenes del Centro de Cumplimiento. Escuchen bien: no permitiremos un abuso más. Los delincuentes deben estar detenidos cumpliendo condena, no pueden estar en la Policía o como custodios en los centros de detención.

Control de la especulación

Rose Marie Tapia R. Escritora

CONTROL DE LA ESPECULACIÓN Rose Marie Tapia R. Escritora Un Gobierno que sirve
con honestidad a su pueblo, debe controlar la especulación, o lo que es lo mismo, regular la ganancia en las operaciones comerciales. Dicha ganancia no debe ser un secreto, ya que la transparencia es el único camino para que haya justicia en la actividad comercial. Es urgente que se tomen medidas en los rublos más importantes: la comida, las medicinas y el combustible.

Desde que el producto sale hasta que es adquirido por el consumidor incide negativamente en el poder adquisitivo de la población, como consecuencia del encarecimiento de la excesiva cadena de comercialización. Sin embargo, el porcentaje de ganancia que llega al productor es mínimo y se corre el riesgo de que éste abandone la actividad y que posteriormente tengamos que importar el producto a costo más alto. De esa manera renunciaríamos a la soberanía alimentaria.

¿Cuándo se va a tener el valor de romper la cadena de los intermediarios? ¿No hay voluntad política o los beneficiarios son los donantes de las campañas de los partidos políticos? ¿Cómo es posible que la cebolla en Cerro Punta cueste B/ 0.14 y el supermercado se venda hasta en B/ 0.70?

Los productores pueden obtener mejores ganancias si disminuyen la cadena de intermediarios. Esta tarea no es fácil, ya que requiere de la capacitación y la infraestructura necesarias para lograrlo, pero poco a poco se puede avanzar. En forma individual es difícil producir calidad, conservarla y que paguen por ella, pero el trabajo en grupos organizados permitirá a los productores la rentabilidad de sus productos.

El cuento del libre mercado es la excusa que utilizan los comerciantes inescrupulosos para obtener ganancias obscenas. El libre mercado implica la presencia de competencia, aunque de facto se presenten monopolios. La justificación ética del libre mercado tiene dos características: autonomía y libertad, pero esa libertad degenera muchas veces en libertinaje. Hay una percepción en la población de que algunos empresarios se ponen de acuerdo para fijar los precios y por esa razón no hay una auténtica competencia.

Recordemos que la comida es la paz. El gobierno no debe esperar que estalle una revuelta social para entonces, a la carrera, tomar las medidas necesarias que controlen la especulación de algunos comerciantes. Todavía estamos a tiempo. Llegó la hora cero: la hora de la acción patriótica. Despójense de los miedos de afectar los intereses de los poderosos. El pueblo necesita el valor y la hidalguía de sus gobernantes. Actúen ya.

Educación en valores

En varios de mis artículos he tocado el tema de los valores. La tarea de educarnos en valores es un trabajo de toda la sociedad. La iglesia, los clubes cívicos, los educadores, los gremios empresariales, profesionales y obreros deben buscar la forma de promover los valores, de instruirnos en ellos y de dotarse de estructuras organizadas para que desarrollen un trabajo en común.

La educación en valores ha de favorecer el desarrollo del pensamiento, la capacidad de análisis crítico y, al mismo tiempo, la capacidad de elegir. Educar en valores no significa imponer, sino más bien proponer, mostrar diferentes caminos y opciones para ayudar a desarrollar la capacidad de decidir.

La sociedad civil debe impulsar el fortalecimiento de los valores éticos que hagan de cada persona, un individuo conciente de sus deberes y derechos. De sus responsabilidades personales y cívicas. Al ejercer los derechos se adquieren compromisos y obligaciones con los demás, reconociendo la dualidad derecho-deber como la base de las relaciones sociales y de la estabilidad de la sociedad

La formación en valores tiene la responsabilidad de generar personas comprometidas con la verdad, leales, perseverantes y con vocación de servicio. Educar en valores incide en mejorar la autoestima, prevenir la violencia, proporcionar elementos para la educación de las emociones en el ambiente familiar y social.

Todo éxito en la vida exige esfuerzo, trabajo, disciplina, constancia y dedicación. Con esta orientación la educación hubiera evitado el desastre de una cultura entregada a la vida fácil, en su mayoría promoviendo negocios ilícitos y fomentando la corrupción para satisfacer las metas de consumismo, estatus, frivolidad, etc.

No sólo debemos vivir los valores en lo personal, sino que debemos reconocernos como parte de una comunidad nacional y nuestro comportamiento debe proyectase hacia la sociedad y hacia nuestra configuración como país. La adquisición y la práctica de estos valores requiere profundizar el conocimiento de los rasgos más importantes de nuestra organización como sociedad, como nación y de los principios que la distinguen: la democracia que caracteriza a nuestro país, la división de poderes, la identidad y la soberanía nacional. Nuestro país evoluciona hacia nuevas formas de cultura política, hacia el fortalecimiento del Estado de Derecho, hacia la diversificación de los mecanismos colectivos de organización, hacia la participación de sociedad civil y hacia la búsqueda de consenso en lo referente a las soluciones de los grandes problemas sociales.

El Gobierno está haciendo ingentes esfuerzo para el incremento de unas relaciones más abiertas y activas de nuestro país con la comunidad internacional. Todos estos esfuerzo conllevan la generación de una conciencia de identidad nacional y soberanía plena con base en nuestros vínculos con otros países. Elevando la autoestima de todos los panameños que durante años nos sentimos totalmente dependientes de nuestro socio en el Canal de Panamá e incapaces de gestionarnos por nosotros mismos.

La coherencia

Entendemos como coherencia la capacidad de actuar en armonía con las propias convicciones. Convicción, en el sentido que se utiliza, significa conciencia, por lo tanto coherencia es una actitud que permite relacionar el sistema de creencias de cada uno con la actuación personal. La coherencia es sólo un instrumento de la persona. Utilizarla bien o mal es el reto. La coherencia para ser generadora de actos virtuosos, tiene que cumplir dos condiciones: fundamentarse en la recta conciencia y ejercitarse en el valor de obrar.

¿Nos preguntaremos cómo se desarrolla la recta conciencia? La forma de hacerlo es aplicándola, ejercitándola. En otras palabras, la conciencia se forma utilizándola a partir del examen de los hechos cotidianos. Ese examen se realiza a la luz de nuestro sistema de creencias, las cuales deberían estar dirigidas al bien personal y de la colectividad. En el desarrollo de la coherencia se necesitan de cuatro grandes virtudes: la prudencia que nos dispone a discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien, y a elegir los medios rectos para realizarlos. Es la regla de oro de todo comportamiento que guía el juicio de la conciencia. Gracia a esa virtud, podremos superar las dudas en las situaciones concretas. Otra de las virtudes en juego es la justicia. Es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar al prójimo lo que es debido, disponerse a respetar los derechos de cada uno y establecer, en las relaciones humanas, la armonía que promueve la equidad, respeto a las personas y el bien común. Junto con la prudencia, es posiblemente la virtud más necesaria y probablemente la más ausente. Otra de las virtudes que influyen en la coherencia es la fortaleza. Expresa la capacidad para perseverar, resistir y ser constante en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza nos hace capaces de vencer el temor, incluso a la muerte y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. La última condición virtuosa que contribuye a la coherencia y tal vez la menos valorada es la virtud de la templanza, que modera la atención al placer y vela por él equilibrio en el uso y provecho de los bienes creados, evitando todo exceso. Significa autocontrol, y es una condición necesaria para la honestidad y la discreción.

La coherencia personal es posible cuando existe el valor de obrar de acuerdo con las propias convicciones, teniendo el cuidado de armonizar la actitud coherente con la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

La construcción de una sociedad virtuosa en coherencia exigiría familias dispuestas a ejercer como tales, educadores valorados, al igual que maestros y políticos capaces de dar lecciones con sus tareas cotidianas. La educación cobra un papel destacado. Es urgente centrar la atención y proteger adecuadamente los objetivos, para lograr cambios e involucrar a la sociedad civil en la participación de proyectos colectivos, y así lograr transformaciones que contribuyan al progreso de la sociedad, tanto individual como colectivamente. La mayoría de los problemas políticos en nuestro país han sido resultado de la actuación incoherente de los involucrados. Debemos exigirle a la clase política un actuar afincado en la recta conciencia y en el valor de proceder coherentemente, anteponiendo los intereses de la patria, con acciones que deberían estar dirigidas al bien de la colectividad.

La pobreza y el desempleo

Uno de los problemas más serios de nuestro país es la pobreza. La pobreza es consecuencia directa del desempleo y la mayoría de las personas que viven en la extrema pobreza son desempleados crónicos.

¿Por qué tantos panameños deambulan por las calles en buscas de trabajo sin poder encontrarlo? La respuesta es fácil: no están preparados para trabajar. ¡Son analfabetas funcionales! Es posible que el término parezca muy duro; pero no por eso deja de ser cierto.

Nuestro país se enfrenta a una serie de cambios estructurales en donde los pobres, que son la parte más débil, se han ido quedando atrás, cada vez más atrás y, aunado a esto, Panamá está marcada por grandes injusticias. Las estructuras de desigualdad en nuestro país no sólo marginan al pobre, sino que lo excluyen, les anulan. Hay un desprecio generalizado por la dignidad de los pobres y una carencia de valores morales que contribuyen a la insolidaridad con que se trata a los más necesitados.

Los pobres, por su situación de carencias, son muy vulnerables. Algunas veces son manipulados por inescrupulosos políticos, quienes con falaces promesas de ayuda, los utilizan; pero jamás los capacitan, porque dejarían ser ese caudal de electores cautivos que los favorecen. Las personas honestas, que participan y que deben participar en la política, tienen deber de encargarse de rescatar, de tan aviesas manos, a estos humildes panameños, que por su deficiente preparación vocacional o académica han caído en semejante situación.

Es hora de detener la infortunada realidad de los pobres, que constituyen el 42 % de la población, y efectuar los cambios que se requieren. El clamor de los necesitados es sordo, impetuoso y en ocasiones amenazantes. Es hora de actuar con responsabilidad, compromiso, justicia social, y de desafiar estos retos con soluciones y alternativas.

Es urgente formar y capacitar a los pobres para que no vivan en la inseguridad perenne de no saber si cuenta con los recursos para llevar el sustento a sus hogares. Hay que ayudar a los pobres a que tomen conciencia de su dignidad integral y se conviertan en protagonistas de su desarrollo siendo capaces de transformar su mundo, sus relaciones y estructuras sociales, creando una sociedad justa, solidaria y participativa.

Nuestra comunidades tienen que organizarse para exigirle al gobierno un plan de entrenamiento y capacitación para todos esos panameños desempleados. Y así, ellos podrán resolver su situación, contribuyendo al desarrollo socio-económico de nuestra patria y desvaneciendo, en parte, la crisis estructural de nuestra economía; ya que, el empleo es factor prioritario de desarrollo.

Tenemos que tomar conciencia de que resolver el problema de la pobreza no es sólo tarea del gobierno; ya que, el desempleo no es la única causa de la pobreza, sino también: el bajo crecimiento económico, la desigual distribución de los ingresos, debido a los bajos salarios mínimos, el endeudamiento gubernamental y el excesivo pago de la deuda externa; que impiden al gobierno, la ejecución de proyectos para promover el desarrollo social. La sociedad civil tiene que enfrentar estos desafíos y empezar a resolverlos.

Es impostergable la inversión social en salud, educación, vivienda y en Proyectos de Capacitación para el Trabajo; ya que, de esa forma se mejorará la calidad de vida de las personas más necesitadas; permitiéndoles superar la pobreza de una manera permanente y resolviendo los problemas colaterales que conlleva, tales como: la desnutrición, el embarazo precoz, el analfabetismo, el bajo nivel académico y muchos otros.

El futuro está lleno de posibilidades y desafíos que requieren madurez y responsabilidad. Tenemos que poner la mirada en la dignidad humana, el bien común y el deseo ferviente de resolver los gravísimos problemas del desempleo y la extrema pobreza. Así lograremos minimizar el grado de frustración que siente las clases desposeídas de nuestro país. Y de esa manera, todos juntos construiremos un Panamá, equitativo, fraterno, justo y solidario.

La alegría

Voy a compartir con ustedes una reflexión sobre la alegría y al hacerlo deseo brindarle un homenaje a la memoria de mi madre, Rosa de Tapia, la persona más risueña y alegre que he conocido. A pesar que hubo momentos en su vida en la que tuvo que enfrentar situaciones difíciles, siempre conservó esa alegría a toda prueba, porque su felicidad estaba fincada en una fe inquebrantable. En este mundo lleno de estrés, qué gratificante es encontrarse con personas alegres, ellas llevan la luz de Dios en su mirada y en su sonrisa y realmente nos iluminan la vida, porque con su alegría, siembran esperanza y nos dan fuerzas para seguir adelante.

La alegría es la esencia más importante y necesaria de la vida, no se compra ni se vende, sin embargo, cualquiera persona daría toda su fortuna por ser feliz. Alguien dijo en una ocasión: si yo tuviera que pedir un don, un sólo don, pediría, y creo que sin dudarlo, que me fuera concedido el supremo arte de sonreír.

Los afanes de la vida cotidiana nos hace cada día más insensibles, no tenemos tiempo para cultivar la alegría de vivir. Cada día estamos más cansados, más hastiados y más triste, la depresión es colectiva. Hagamos un alto en el camino. Tenemos muchos más motivos para estar alegres que para estar abatidos. Hoy en día las personas están muy apresuradas, por lo tanto, han perdido su alegría y han extraviado un gran tesoro, el cual tiene que reencontrar. Es muy triste vivir siempre con prisa, pasamos por la vida corriendo, abriéndonos paso a empujones para alcanzar metas que nos imponen una sociedad frívola, consumista y materialista. Hasta la manera que tenemos de divertirnos es tan agotadora, tan vacía, que muchas veces esta diversión es falsa y cada vez hay en ello menos alegría verdadera. Sólo nos aturde y nos hace olvidar temporalmente nuestros problemas.

Todos, en algún momento, hemos experimentado el dolor de los contratiempos, de las mentiras, de los desengaños, del cansancio, del fracaso y de las derrotas, pero hemos aprendido que con la actitud correcta, podemos superar todos estos esos acontecimientos. La mejor forma de capacitarnos en la alegría es sonriendo. Todos nosotros en nuestra mente tenemos a una persona que en una ocasión nos ofreció una sonrisa, y ese recuerdo permanece para siempre en nuestra memoria. Cuando la alegría brille en tus ojos, la confianza abrirá las puertas del éxito. La alegría nos es dada a través de las pequeñas cosas de la vida, contemplar el amanecer, oír el canto de un pájaro, escuchar buena música, recordar un poema, la lectura de buenos libros, el servicio generoso que le hacemos al prójimo, el deseo de superación personal y la participación activa en la sociedad a la que pertenecemos.

Tratemos de sonreír más a menudo, la sonrisa contagia la serenidad y la paz. La sonrisa es la mejor medicina para el alma abatida por el sufrimiento. Todos tenemos la imperiosa necesidad de ser tratados con amabilidad. No perdamos esa alegría, que nos ha caracterizado a todos los panameños. Recordemos que hace tan sólo unos años, cuando estábamos en el extranjero, al llegar a una sala de fiesta, lo primero que tocaba la orquesta era “Panameño, panameño, panameño vida mía, yo quiero que tú me lleves al tambor de la alegría”; Rescatemos esa alegría que nos distinguió por tantos años.

El respeto

Todo el mundo tiene derecho a ser respetado por el solo hecho de ser persona. Todos somos iguales, no hay lugar para actitudes egoístas, discriminatorias. Toda persona es merecedora de nuestro respeto, incluso aunque ésta no se respete a sí misma. La dignidad nivela al pobre y al rico. Nadie es más que nadie en dignidad. Merecen respeto todas las razas, géneros, condiciones sociales, culturas, edades y no sólo aquel que triunfa, el que tiene dinero o el que ha conseguido prestigio. La dignidad personal que se va construyendo a lo largo de nuestra vida es la clave del respeto. Respeto a uno mismo y respeto a los demás.

A todas las personas de este mundo nos mueven objetivos diferentes, ideas, gustos e intereses diversos. Para vivir en armonía y en paz es necesario el respeto, la consideración y la tolerancia mutua. Es preciso permitir que los demás sean como deben ser, no como nosotros quisiéramos que fueran, y empezar a trabajar en favor de su dignidad que es el primer paso hacia el respeto.

En respeto no hay lugar para la irritación, la intransigencia, las salidas de tono, las palabras o gestos agresivos. Debemos considerar que la otra persona tiene un criterio personal que debemos respetar y valorarlo, aunque no se esté de acuerdo. El otro tiene sus razones para haber actuado así y debo procurar comprender su punto de vista. Todos debemos admitir la propia equivocación y agradecer a aquel que, con corrección fraterna nos ayuda a enmendar nuestros actos. Debemos evitar las agresiones, controlando nuestro temperamento y cuidando así nuestras relaciones con los demás. Con el respeto funciona la ley de la reciprocidad: respeto para ser respetado.

Para no faltar el respeto debemos actuar basándonos en la verdad, sin embargo, al ser sincero no debemos olvidar, que la sinceridad debe ser regida por la prudencia y la caridad. Esto quiere decir que habrá momentos para decir las cosas tal como son, con valentía, y otros en que será más respetuoso callarse.

En los últimos años hemos observado como el irrespeto se ha institucionalizado. Hogares en donde los hijos no respetan a sus padres, porque sus padres no son ejemplo de una vida de respeto. Lo mismo pasa en las aulas de clases, alumnos que cometen actos de agresión en contra de sus maestros y profesores; y así a todos los niveles, el irrespeto es el arma que utilizan los individuos para defenderse o agredirse entre sí.

La sociedad en general se ha vuelto muy permisiva en relación con las faltas de respeto, las personas no parecen ser concientes de que el respeto que se manifiesta hacia los demás es el reflejo del respeto que se siente por uno mismo. Que se irrespeta a los demás en la misma medida en que se carece del propio respeto.

Advertimos como en algunos medios de comunicación se irrespeta la dignidad de la persona de sus espectadores, oyentes y lectores; programas de radio y televisión dedicados a los jóvenes de nuestro país, en donde se les debería educar y formar y, sin embargo, se denigra la honra de las personas, sin que medie una sanción ni de la Junta de Censura, ni de la sociedad, ni del sistema judicial. ¿Hasta dónde hemos llegado para permitir que una conducta tan repugnante y tan censurable pase casi inadvertida e, incluso, se festine la degradación del ser humano como forma de entretenimiento y diversión? Es hora de que las personas decentes en este país impongamos como norma de conducta el respeto y la consideración que nos merecemos por nuestra dignidad humana.

Debemos potenciar actitudes amables en nuestras relaciones, para modificar esa cultura de violencia socio-moral que vive nuestra sociedad. Al cambiar esa actitud por patrones de conducta basado en el respeto, contribuiremos a la reconstrucción del país decente, respetuoso, educado y digno que nos merecemos.

El compromiso

Reflexionando sobre cuál podría ser una de las carencias más significativas de la sociedad panameña, llegué a la conclusión de que ésta sería, posiblemente, la falta de compromiso.

El valor del compromiso no suele estar muy claro. Hace tres décadas, en nuestro país, se asumían los compromisos a cabalidad. El compromiso de los niños, consigo mismos y con la sociedad de la que forman parte, era educarse y estudiar; el de sus padres, trabajar con honestidad para llevar el sustento a sus hogares, solventando así, las necesidades materiales y espirituales de sus familias. El de los maestros, dedicarse -en cuerpo y alma- a la tarea de enseñar y cumplir con la sagrada misión de formar a los hombres y mujeres del mañana. El de los médicos, aliviar o curar el sufrimiento de los enfermos. El de los obreros, trabajar con ahínco en las empresas cuyo auge contribuye a su sustento. El de los empleadores, velar por el bienestar -no sólo de sus empresas- sino también, por el bienestar de los empleados que contribuyen a su éxito; y así sucesivamente, todos garantizan la validez de un modelo de sociedad.

No sé en que momento, la mayoría de las personas olvidaron ese compromiso. Aún hay personas en nuestro país que asumen sus compromisos, y eso se refleja en su vida personal y profesional aunque muy pocas veces en su vida comunitaria. Hay un compromiso que nunca podremos rehuir y es el compromiso del servicio. El servicio es la moneda con la cual pagamos el derecho de vivir en esta tierra.

Cuantas veces nos encontramos con gente que abandona compromisos que habían adquirido, y cuánto daño puede hacer con ello, aunque sea inconsciente. Por esa razón, es importante que cada vez que adquiramos un compromiso, seamos consciente de lo que ello significa, y nos propongamos no abandonarlos irresponsablemente. Pues la vida es en sí el compromiso mayor.

Muchas personas manifiestan una incapacidad para comprometerse y pasan por la vida a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa tremenda osadía de existir en vano.

Es realmente importante asumir los compromisos que nos imponen nuestras responsabilidades como personas, como padres, hijos, ciudadanos y profesionales. Se trata de una defensa activa de aquellos valores que nos ayudan a mantener una relación humana llena de sentido.

Asumir un compromiso es imperativo para darle sentido a la propia vida. La capacidad de mantener compromisos es un elemento fundamental de todas las personas. Sin compromiso en una sociedad no hay posibilidad de construir un proyecto común que le dé un sentido como nación.

En los últimos años, escuchamos a muchas personas responsabilizar única y exclusivamente los sucesivos grupos gobernantes de todos los males de nuestra sociedad. La sociedad civil tiene el compromiso de organizarse y, en conjunto, con su gobierno construir un proyecto de desarrollo que permita enfrentarse a los grandes desafíos de la época como la pobreza, el desempleo, la delincuencia, la corrupción, los problemas de salud y educación.

Para finalizar, es importante que asumamos primero los compromisos personales, inmediatos, familiares y ejecutemos un proyecto de vida coherente. Después podremos ir asumiendo compromisos como pueblo, organizándonos eficientemente y fijándonos metas y objetivos claros, para construir un plan nacional de desarrollo en donde, aunando fuerzas, construyamos el país que todos deseamos y creemos merecer.

La responsabilidad

En mi artículo anterior reflexionaba sobre el compromiso. Sin embargo, no se pueden asumir compromisos sino somos responsables. Por esa razón deseo compartir hoy con ustedes, mis reflexiones sobre la responsabilidad.

La responsabilidad es uno de los valores más importantes en nuestra vida. Es primordial que rescatemos este valor del cual nuestra sociedad está tan necesitada. Los valores favorecen el desarrollo del pensamiento, la capacidad del análisis crítico y, al mismo tiempo, la afectividad y la habilidad de elegir, de priorizar. La responsabilidad nos capacita para responder de acuerdo a nuestros principios y valores. El ser humano es responsable porque es libre y, a su vez, la libertad humana se cimienta en la responsabilidad moral; es decir, en la facultad de la persona para conocer el bien, los valores y además, poder vivirlos y practicarlos. La responsabilidad es un acto enteramente voluntario, ser responsable implica estar listo y dispuesto a responder.

La responsabilidad es una condición esencial que nos destaca; es substancia, lo que nos hace humanos. La persona responsable no es sólo la que busca fundamentar sus acciones ante sí mismo, sin que la responsabilidad le haga dirigirse a los demás. Es aquel que no permanece insensible, aquel que no queda inerte y paralizado ante la injusticia, las incongruencias del mundo; aquél quien -antes las impotencias y necesidades- se da rápidamente para intentar equilibrar el caos. Es aquél que con su participación colabora en la solución los grandes retos a que nos enfrenta la época moderna.

El actuar con responsabilidad en la vida personal será, por ejemplo, mejorar la relación con los amigos, o con la familia, o con comunidad, o en la empresa que trabaja, o en cualquier otro ámbito de convivencia. Cuando las personas no se hacen responsables de su vida personal, viven angustiado, carentes de principios, de ejes; no los mueve otro objetivo que seguir adelante; y por lo tanto, siguen siendo criaturas confiadas en que sus padres o el gobierno, o los otros, acudirán a ayudarlos al primer obstáculo que se les presente.

La respuesta responsable también va dirigida al medio ambiente, a la tierra, para proteger nuestros recursos, para entregarlos en condiciones óptimas a las futuras generaciones; ya que, a través de la modernidad y de la industrialización, el hombre ha alcanzado un notable nivel de progreso. Un progreso sin control moral, ni jurídico, ni político y, con eso, ha dañado gravemente los recursos del medio ambiente.

Debemos tener la responsabilidad de corregir todos estos errores y valorar noblemente el planeta, conocer cómo funciona el ecosistema de la tierra. Y de esa manera, mostrar nuestra gratitud con la tierra no sólo porque nos da de comer, sino porque nos mantiene vivos.

Para finalizar, debemos ser responsables a nivel político. ¡Qué diferente fuera nuestro país si los políticos actuaran responsablemente! Cuántas veces se han propuesto leyes que beneficia a la colectividad y los políticos irresponsables, por el sólo hecho de hacer oposición al gobierno de turno, o atender a propósitos interesados, torpedean su aprobación aduciendo la excusa pueril de “disciplina partidaria”, con la consecuente revocatoria de mandato. Al actuar así, perjudican a muchos panameños que, arrinconados, marginados, por la extrema pobreza, no pueden ser redimidos, para salir de ese círculo de miseria en que se encuentran inmersos.

Es imperativo que tomemos el control de nuestras vidas siendo responsables en todos los niveles de la convivencia personal, profesional, moral y política. Y esta actitud, nos permitirá aseverar que en verdad somos arquitectos de nuestro propio destino.

El diálogo

El diálogo abre las puertas, soluciona los conflictos y engrandece a las personas. Es un vínculo de unidad y fraternidad. El diálogo no es una discusión ni un debate, sino una búsqueda de la verdad entre dos o más individuos. Tenemos que comprender que nos necesitamos y nos complementamos porque tenemos para dar y necesitamos recibir. Porque ningún ser humano es capaz de captar enteramente la verdad absoluta.

El diálogo es comunicación, es tratar de comprender el punto de vista de las otras personas, es ser amable, es procurar ser flexible y generoso. Esa actitud es básica y fundamental entre los individuos. Hay ocasiones prejuzgamos a las personas porque no hemos entablado una comunicación directa con ellas y cuando por cualquiera circunstancia dialogamos inmediatamente cambia cualquier opinión negativa y surge una auténtica amistad como consecuencia de esa plática. Esta reflexión nos debe ser útil para allanar y conciliar cualquier diferencia o malentendido que surja con nuestros semejantes en nuestra vida cotidiana.

Entre las familias se debe promover el diálogo a un nivel de comunicación íntima, ya que, la familia es la escuela donde se aprenden las primeras lecciones de relaciones humanas, allí se experimentará amor, consideración, respeto o se sufrirán rechazos, agravios, insultos e injusticia. En nuestra familia se verá los primeros ejemplos que difícilmente se borraran de la memoria y más tarde, se reflejarán en nuestra vida matrimonial, en nuestro trato social, en nuestra actividad política. En todas estas acciones se reflejarán el entrenamiento recibido en nuestros hogares.

Es imperativo que incorporemos el diálogo a todas nuestras actuaciones: familiares, de trabajo, sociales y ciudadanas. Esta actitud también debería ser posible entre los pueblos, comunidades y naciones. Nuestros gobernantes deberán potenciar el diálogo y el entendimiento para procurar del mantenimiento de un status privilegiado, siendo esto un gran paso hacia una convivencia pacífica de todos los panameños. Donde hay diálogo, hay entendimientos. Cuando nos cerramos al diálogo, casi siempre esta actitud conlleva manifestaciones de intolerancia y violencia. ¿Cuántos problemas se pudieran evitar si el diálogo fuera una prioridad en nuestras vidas? Sin embargo hay grupo interesados en provocar inestabilidad social para afectar la economía y menoscabar el bienestar del país. Esas personas no están interesadas en el diálogo porque desde hace mucho tiempo su discurso está agotado. No tienen nada que aportar y son fácilmente identificables, porque se le puede ver cerrando calles y induciendo a la violencia. Ellos andan con una mecha en la mano incendiando los problemas, no desean la solución de los mismos. Estos dirigentes no son otra cosa que promotores del caos. Sabotean el progreso porque con esta actitud piensan que mantienen vigente su doctrina desfasada.

Ha llegado la hora de que todos los panameños promovamos el diálogo y la participación de la sociedad civil para consolidar nuestra democracia y contribuir a un bienestar para la presente y futuras generaciones. Desarrollando un proceso participativo de todos los sectores lograremos un amplio acuerdo nacional y un desarrollo sostenido.

La solidaridad

La solidaridad es una relación de fraternidad, una virtud que debe ser entendida como condición de la justicia. Por lo tanto, la solidaridad se convierte en un complemento de la justicia. Es importante destacar el hecho de que la solidaridad implica afecto, la ayuda desinteresada a las personas marginadas por la pobreza, la comprensión al maltratado y el apoyo al perseguido. La solidaridad no funciona como un deber distante e impuesto desde la autoridad. Funciona cuando el incentivo de actuar proviene de una acertada educación en valores ético-morales.

En la actualidad existe una creciente demanda de solidaridad, y ésta implica justicia social. No se trata únicamente de compasión por los males y sufrimientos de los demás, sino que se requiere y se exige un comportamiento ético, responsable y fraterno, que las decisiones tengan una dimensión social además de personal.

Vivimos en una sociedad individualista, indiferente y egoísta.

No nos ocupamos de las personas que sufren. Cuántas veces nos hemos encontrado con situaciones que requieren de nuestra solidaridad y volteamos la cara para ignorarlas. Como si con esta actitud los problemas fueran a desaparecer. Conviene predicar y practicar la solidaridad, porque la falta de esa virtud revierte en una vida vacía, hueca, deficiente y carente de sentido. Muchas veces me he preguntado ¿Cómo podemos conseguir que la gente, sea solidaria? Empecemos por educar en la familia, porque la familia es pilar fundamental de la sociedad. Hagamos un llamado al civismo, al respeto por las cosas, por nuestros recursos ecológicos y, en especial, por las personas.

Partiendo de la base de que la solidaridad se ejercita, desde y en la experiencia. La finalidad debe ser que cada persona aprenda a meditar sobre temas de responsabilidad socio-moral, es decir, desarrolle formas de pensamiento de asistencia, ayuda y orientación hacia los más desamparados. Aprender a aplicar esta capacidad de juicio a la propia vida personal y colectiva para mejorarla. Pero, sobre todo, lo que se busca es superar el nivel de discernimiento. Por lo tanto, podemos dirigir el ámbito de la solidaridad al desarrollo de una serie de dimensiones morales que, sin duda, faciliten un aumento de la autonomía, un espíritu crítico y el desarrollo de determinados valores y actitudes.

Debemos ser conscientes de que los valores de la sociedad consumista e individualista son más atractivos que la solidaridad, porque estimulan el egocentrismo narcisista de que lo que poseemos o lo que hacemos nos pone en el centro de todas las miradas, el mundo pendiente de nosotros. Sin embargo, si nos comprometemos en la instauración de prácticas cívicas, rutinas que muestren la deferencia y el respeto que se merecen las personas, sobre todo lo más desvalidos iremos construyendo una patria unida, justa y solidaria.

Lo anterior no significa liberarlos de sus responsabilidades consigo mismos y con los que les rodean, todo lo contrario, hacerles más responsables de la calidad de sus decisiones y lo que ellas afectan a los demás, aquel que recibe solidaridad debe estar dispuesto a ejercer la suya, sino nada tendría sentido. Es fundamental alentar a las personas a tomar decisiones, participando en acciones concretas que incidan en sus comunidades, ya sea de la escuela del barrio, de los centros de salud, de los campos de deportivos y otros. Tampoco hay que olvidar emprender desempeños frente a los problemas de carácter más amplio, nacionales o internacionales, mediante nuestra participación en campañas o apoyando proyectos de cooperación. La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales y culturales.

¿Cuántas escuelas son saqueadas en las vacaciones? ¿Por qué la comunidad no se organiza para cuidar sus planteles? Ese recinto de sabiduría, que tanto necesitan sus hijos. Si emprendemos con entusiasmo esa tarea, seremos capaces de actuar ante dificultades más grandes y organizarnos para emprender todos juntos la reconstrucción de una persona solidaria, de una familia solidaria, de una sociedad solidaria, de una nación solidaria y de un mundo solidario.

La constancia

En las personas con voluntad firme habita la constancia, son individuos que tiene la capacidad de mirar más allá del horizonte. Tienen visión de futuro, miran sobre la novedad, captan una visión panorámica que se adelanta al porvenir, son capaces de combatir los cansancios normales de cualquier tarea que emprendan. Son triunfadores. Las personas con constancia no interrumpen sus planes, saben enfrentarse a las presiones de fuera y de dentro, adquieren recursos para sobreponerse a las inexorables dificultades. No abandonan, no se rinden. Se empeñan en realizar su proyecto personal. Para ellos cualquier obstáculo es un reto que lo vence con constancia y determinación.

Para ejercer la constancia, hay que saber lo que se quiere: querer es poner la voluntad en acción, movida por la motivación. La falta de claridad, la dispersión en los objetivos, son formas psicológicas que no ayudan a la constancia. Más bien la debilitan, la anulan. La importancia de las motivaciones es aquí esencial. La capacidad para alcanzar la recompensa. La capacidad para modificar aspectos negativos del propio carácter o lo que hay que emplear para vencer la inercia, el abandono o la apatía, cuando éstos aparecen.

Hoy se dan muchos factores que debilitan la constancia: desanimarse, estar cansado por los contratiempos, no ver resultados cercanos y la imaginación que inventa metas sin esfuerzo... la comparación con otras vidas próximas más fáciles, de personas que de manera ilícita han alcanzados metas económicas. Pero las personas constantes miran hacia delante con la esperanza de alcanzar la cima deseada, y por eso se mantienen firmes, inalterables.

Cuantas veces a la primera dificultad abandonamos un proyecto, con la excusa, de que no se puede hacer nada al respecto. Si tuviéramos constancia podríamos trascender cualquier problema y resolverlo. Esa búsqueda de la vida fácil es la que evita que cultivemos la constancia. Por esa razón la mayoría de las personas no alcanzan sus metas. Sin embargo, cuando actuamos con constancia y conseguimos nuestros objetivos nuestra vida cambia y se enriquece, y es entonces cuando evolucionamos.

La constancia se irá fortaleciendo con pequeñas victorias, muchas de ellas mezcladas con fracasos parciales. La vida siempre nos dará la oportunidad de seguir adelante empleando la voluntad y la constancia; entonces, estaremos en facultad de sacar adelante nuestro proyecto personal y de contribuir a la realización de un proyecto nacional. “El éxito de una persona no se mide por lo que ha alcanzado en la vida, sino por los obstáculos que ha vencido” y los obstáculos sólo se vencen con constancia.

Los objetivos tienen un corto, medio y largo plazo. Pero todos deben: la consecución gozosa y arriesgada del proyecto personal. Hay esperanzas en el fin que se pretende. Ahí reside la fuerza de ese resistir. El fruto más preciado del orden, la constancia y la voluntad es que uno se hace más dueño de uno mismo, siendo capaz de guiar el propio destino por encima de las alternativas y vicisitudes de la vida. Ésta es la recompensa. Los medios cuestan, significan superar todos los obstáculos como estos vayan sobreviniendo, pero con la mirada puesta en la meta de llegada. El que así obra, se hace superior y si persevera, se va transformando en un ganador.

Lo que nuestros niños nos pueden enseñar

Siempre había pensado que sólo debían escribir para el público las personas con un talento literario. Hoy Raulito, mi sobrino de cinco años, me hizo cambiar de opinión. Todas las semanas lo voy a visitar, y él me espera para jugar y conversar. Este niño de cinco años es un excelente conversador. Hoy mientras charlábamos le dije:

-Raulito ¿sabes quién es la persona que yo más quiero? -Su respuesta fue -No. ¿Quién es?

Le dije: -eres tú.

Su alegría fue tal que corrió, me abrazó y preguntó:

-¿Por qué no me lo dijiste antes?

Le contesté: -¿Tú no lo sabías?

Ese niño de cinco años dijo: -¿Cómo lo voy a saber sí tú no me lo habías dicho?

En su inteligente respuesta no había reproche. De los niños tenemos muchas cosas que aprender entre ellas, a disfrutar las cosas simples de la vida, a recuperar el candor de la sonrisa, la calidez de la mirada, la espontaneidad; y a transformarte en una persona auténtica; a sentir amor y expresarlo de una manera directa. Los niños siempre dicen lo que piensan, en eso radica su autenticidad, aunque muchas veces no los queramos escuchar. En los niños encuentra la capacidad de ser festivo, de seguir aprendiendo, de sorprenderse y experimentar un sentido de maravilla. Mi sobrino me hizo tomar conciencia de que no sólo es importante sentir amor, sino que es imperativo expresarlo. Por esa razón escribí este artículo.

A través de las palabras de un pequeño niño comprendí que para expresar el amor que llevamos en el corazón no tenemos que ser unos expertos en el uso del lenguaje. Sólo tenemos que decirlo con palabras sencillas, como las que utilizan los niños. Debemos poner en práctica la facultad de expresar el amor en nuestras familias.

La familia es la célula de la sociedad, el futuro de la humanidad se construye en la familia, toda persona nace en una familia y gracias a ella queda inserta en el medio social, es el lugar donde se aprende aspectos fundamentales para la vida social, como son el sentido de la vida humana, las virtudes necesarias para vivir en comunión, la justicia, el respeto, la cooperación, la solidaridad y muchos otros valores que son imprescindibles para la convivencia humana.

El primer aporte que realiza la familia a la sociedad es la formación de personas conscientes y responsables en su propia dignidad. La familia debe ser consciente de ese compromiso. Todo cambio social tiene raíces en la cultura familiar. Las relaciones familiares basadas en el amor permiten a los hijos el aprendizaje de modelos de cooperación y convivencia que luego llevarán al resto de la sociedad.

En nuestras familias hemos descuidamos a los niños. No le dedicamos el tiempo necesario para compartir y expresarles nuestro amor. Por esa razón la sociedad está en crisis. Rescatemos los valores en nuestras familias y uno de esos valores es la capacidad de expresar nuestro amor.

El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano y principalmente es un acto de voluntad libre. Los padres aman a sus hijos porque son parte de su ser, amar a sus hijos es vivir para ellos, entrar en su mundo, pero muchas veces por sus múltiples ocupaciones ocultan el amor que existe en su corazón. Están tan preocupados por trabajar y trabajar, con el objetivo de que a sus hijos no les falte nada, sin embargo olvidan que es más importante: expresarle lo mucho que lo aman... Que a sus hijos y a su familia en general, nunca les falte el amor. Esa carencia los puede marcar de por vida.

Estimado lector: ¿Cuándo fue la última vez que usted le dijo a cada uno de los miembros su familia, lo mucho que lo quiere? Muchas veces pensamos que no tenemos tiempo para expresar nuestro amor. El tiempo mejor empleado es el que utilizamos para decir: te quiero

Mi consejo es que en este momento deje esta lectura a un lado y dígale a cada uno de sus familiares lo mucho que los ama.

La mayoría de las personas se preocupan por trabajar excesivamente para darle más cosas materiales a sus familiares. Sacrificando el tiempo que pudieran pasar juntos.

¿Por qué no le preguntas a sus hijos, sí prefiere tantas cosas materiales o pasar más tiempo con papá o mamá?

¿Tal vez tu hijo prefiere salir de paseo con usted, que un nuevo par de zapatos?

Es preciso que los miembros de la familia se organicen, de tal manera que tengan tiempo para estar juntos, expresarse el amor que siente y así poder compartir una vida plena de felicidad.

Como última reflexión aprendamos de los niños a expresar el amor con esa autenticidad con la que ellos lo hacen. Los niños son la reserva moral de nuestra sociedad. Cuidémoslos como el más precioso de los tesoros.

Cultura política para la democracia

Un sistema democrático debe estar fundamentado en el respeto a la dignidad humana, en la solidaridad con las personas que integran el país y en la prevalencia del interés general; los cuales, son objetivos del orden político y fortalecen la unidad de la nación; asegurando a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz. Estos valores constituyen el proyecto común que la Constitución debe asegurar a todos los ciudadanos y debe ser el marco de la Institución Cívica en nuestra nación; además de ser el núcleo de una ética civil compartida por todos sin excepción. La Constitución demanda como deber vital y cívico, la igualdad de oportunidades y el bienestar para todos; el deber y derecho al trabajo, como fuente de riqueza y el interés general como acción impostergable.

El espacio para el interés público prioritario tiene, entre la clase política, una existencia insuficiente. Con dificultad encuentran el punto de convergencia en el que todos puedan subordinar sus intereses particulares en aras de conseguir el interés general. Las divisiones políticas partidarias y la fragmentación de la sociedad, la debilidad del nacionalismo, la precariedad del Estado, han imposibilitado la construcción de un espacio público. El interés personal se impone por encima del bienestar de la colectividad.

Construir el espacio público supone un conjunto de actitudes y de hábitos, como el reconocimiento de la dignidad propia y ajena, la capacidad de entender y valorar la opinión de los demás, la disposición a discutir en pie de igualdad, la intención de llegar a acuerdos incluso por la transacción o mediante la sujeción a reglas preestablecidas. Estas actitudes y hábitos son los que permiten que el antagonismo no derive en conflicto.

Cada vez que en nuestro país surge la iniciativa de una discusión en torno a resolver una problemática nacional, se levantan las voces de los intransigentes, de los que buscan el caos político y hablan de alianza entre gobierno y oposición, para frustrar cualquier intento de diálogo y de resolver los gravísimos problemas que enfrenta nuestra nación.

Las asociaciones de la sociedad civil deben ser promovidas por el Estado, como escuelas para formar espíritus públicos, pero también como canales para que se expresen en las esferas públicas los intereses particulares. Por eso el propósito central del Estado es la búsqueda de la igualdad, para que las diferentes capacidades puedan desarrollarse a plenitud, lo que supone la generalización de ciertas condiciones básicas de bienestar entre la población: educación, seguridad social, empleo, salud, etcétera.

Hacer estas transformaciones requiere proyectos comunes de trabajo mancomunado y de desarrollo, requiere que los recursos y la energía puesta conjuntamente hagan más eficaces los esfuerzos individuales, logrando una convivencia en paz y la consolidación de la democracia. La democracia lleva consigo, junto con las decisiones de las mayorías, el respeto a una serie de derechos humanos y libertades. Y el respeto a las minorías.

La cultura para la democracia implica, en todos los niveles, desde los inmediatos hasta los nacionales, candidatizar a los mejores, a los más capaces, seleccionar y votar por los mejores, y crear los mecanismos para exigirles que se comporten como los mejores. Sólo entonces funciona la Democracia.

Educación para la familia

Algunos cambios sociales y las condiciones de la vida actual han limitado la función de la familia. Hace algunos años, los abuelos, los tíos y los demás miembros de la familia ocupaban un lugar destacado en la vida de los niños. Esta función es especialmente importante en la actualidad; ya que, al pertenecer a una generación en que había menos divorcio y más familias numerosas, los mayores estaban en condiciones de ayudar a los padres en la educación y orientación de sus hijos.

Las nuevas tendencias sociales y familiares alejan a muchos niños de sus abuelas, abuelos, tías, tíos y otros familiares. La familia nuclear (padre, madre e hijos) contribuye a esta separación. Cada vez más, la sociedad va prescindiendo de la familia. Tal vez ésta sea una de las causas de la crisis de valores. El sistema de valores se hunde en una sociedad enferma. Las familias son como tripulantes de un barco atrapado por la tempestad que tratan de navegar sin brújula, ni mapas. Muchas familias van a la deriva, sin dirección, actuando improvisadamente, acarreando con las consecuencias de este proceder irresponsable.

La familia de hoy se haya inmersa en una cultura que se caracteriza por el materialismo, el individualismo, la explotación y el consumismo que la han llevado a la pérdida de los valores. La carencia de objetivos claros y el deterioro de los valores familiares desintegran la comunión familiar, eliminada la participación correspondiente de todos los miembros; y convirtiéndoles así, en fácil presa de la confusión, el divorcio y del abandono familiar.

Los efectos de la cultura juvenil de hoy han llevado a cierto menosprecio por los ancianos, creando el prejuicio de que por la boca de los mayores habla un pasado decadente, más que una suma de experiencias y la sabiduría. Por lo que, sus opiniones no son tenidas en cuenta. Es lamentable que nuestra cultura los haya relegado y no valore y utilice este tesoro. Los ancianos son portadores de sapiencia, de la reflexión y del consejo, los mayores tienen mucho que enseñar.

En otros tiempos, las personas mayores tenían más autoridad e influían en la educación de los niños. Los abuelos podrían ayudar a los padres a cuidar a los niños. Sería beneficioso que los nietos pudieran escuchar historias narradas por sus abuelos. Ellos son excelentes transmisores de las enseñanzas religiosas, de los valores. Son símbolos vivientes de la tradición y de la trascendencia. Se aprende más de un abuelo que de diez expertos en temas familiares.

La familia puede transformar la cultura en la cual esta inmersa, y sólo ella puede hacerlo. A través de la familia se asumen valores, se aprenden comportamientos y costumbres, se mantienen tradiciones, se aprende el valor del amor y el respeto propio y ajeno. En la mayoría de las familias, el padre y la madre tienen que trabajar para solventar las necesidades de sus hogares y los niños se quedan solos. Rescatemos a la gran familia, eduquemos para la recuperación de los valores altruistas y las funciones de la gran familia, la familia debe apuntalarse sobre sus mejores logros como institución y reconstruirse sobre ellos, nadie puede cuidar mejor de nuestros niños que sus seres más queridos.

Volvamos a ser esa familia de antaño, pero enriquecida en valores, como el amor y el respeto. Esta educación en el amor es necesaria para que se induzca la formación de convicciones que generen cambios de actitudes y de hábitos personales en los hijos, ya que, el futuro de la sociedad se fragua en la familia. Formemos familias coherentes con normas morales para que emprendan sin incertidumbre el camino del bien.

Las relaciones familiares basadas en el amor permiten a los hijos el aprendizaje de modelos de cooperación y convivencia que llevaran al resto de la sociedad. En el amor encuentra ayuda y significado todo lo que nutre a la familia. De ese modo la educación en la familia la sitúa en el horizonte de la “civilización del amor” depende de ella, y en gran medida contribuye a construirla.

La salud: Un lujo que los pobres no se pueden dar

Si es cierto que la salud no tiene precio, en Panamá cuesta y mucho. De esta reflexión surgen un debate entre la salud y la economía con interrogantes éticas muy serias. Debemos analizar la relación que existe entre la globalización y la salud. En este mundo la salud se ha convertido en un mercado, un libre mercado muy despiadado que ha transformado al enfermo en cliente. En ese inhumano negocio, los opulentos pueden cuidar su salud y los pobres quedan excluidos.

Desde hace más de dos años los legisladores se reúnen para tratar de rebajar los medicamentos. ¿Por qué razón no han tenido éxito? ¿Les falta voluntad política? ¿Siente temor de enfrentar a poder económico? Hay medicamentos que cuestan hasta B/. 6.00 cada tableta. La ley de medicamentos que actualmente se aprobó en la asamblea en nada va a resolver el problema. Tengo la Impresión que muchos distribuidores de medicinas han aumentado el costo de los medicamentos para que cuando se produzca la tan mencionada rebaja de los precios, esta no afecten sus jugosas ganancias. Y si eso es así, esto sería un engaño intolerable.

En el negocio de los medicamentos hay muchos intermediarios y todos exigen un porcentaje de utilidades. Encareciendo los medicamentos de una manera escandalosa. En este país con las medicinas tan costosas es un lujo enfermarse y ese lujo los pobres no se lo pueden dar. El desabastecimiento de medicamentos en el Seguro Social, debido a la burocracia existente, obliga a muchas personas a comprar sus medicinas. Muchas veces tiene que usar el dinero de la comida, para poder curarse y los desempleados o los que son muy pobres tienen que recurrir a remedios caseros que casi nunca los curan.

Con relación a las citas y a los exámenes médicos especiales la enorme demanda en el Seguro Social y en los hospitales del Estado hace que las personas que no pueden pagar estos servicios, en las clínicas privadas, tengan que esperar meses de meses para realizárselos. Y cuando al fin el médico los atiende para evaluar los resultados, no tiene dinero para comprar los medicamentos. Una enfermedad que se hubiera tratado y curado rápidamente se convierte en una enfermedad crónica. Porque estas personas de bajos recursos económicos no tuvieron el privilegio de la salud, que en nuestro país es exclusivamente de los ricos. Disculpen si les parezco reiterativa, es nuestro deber cuando vemos una injusticia repetirla las veces que sean necesaria hasta que se elimine.

Somos conscientes de que la medicina moderna con su gran tecnología ha aumentado sus costos. Sin embargo, no podemos enfrentar la enfermedad de una manera mercantil. El gobierno y las autoridades de salud tienen el deber insoslayable de buscar la forma de no penalizar al pobre excluyéndolo de los beneficios que le pueden aportar la modernización de los servicios de salud. La sociedad civil en conjunto con el gobierno debe organizarse para enfrentar este delicado problema y proporcionarle a todos los enfermos, sin distinción de clase social, la oportunidad de recuperar su salud desburocratizando los servicios que proporcional el Estado y estableciendo reglas claras para que los distribuidores y los laboratorios de medicamentos no comercialicen con la salud del pueblo panameño porque a salud debe ser derecho de todos, no el negocio de unos pocos. Esta es la única manera administrar un país con justicia, equidad y solidaridad.

El concurso literario Ricardo Miró

Mis primeras experiencias en escritos para el público fueron en la columna de opinión de este diario, La Estrella de Panamá. Por esa razón es con ustedes queridos lectores que deseo compartir mis vivencias en el Concurso Literario Ricardo Miró.

Siempre tuve el anhelo de escribir una novela, sin embargo, pensé que esta delicada tarea sólo estaba reservada para los más renombrados especialistas en literatura. Estaba equivocada, no es tan difícil expresar por escrito nuestros sentimientos, anhelos, experiencias y tantas otras emociones que debemos compartir. Para hacerlo bien sólo tenemos que leer mucho y sentir pasión por el uso de la palabra y así llegar al corazón de los lectores.

Un buen día decidí comenzar mi novela y así lo hice. Escribir una novela no significa convertir lo real en palabra, sino que la palabra sea real. En el momento que comprendí esa gran verdad me sentí atrapada por el mito. Experimenté su encanto y fascinación, me transporté a un mundo mágico, pero real. Eso hizo que el relato de mi novela trascendiera la anécdota para ir más allá. La fantasía y la vida cotidiana se entrelazan y es allí donde surge esta creación literaria dejando huellas en el corazón de sus lectores y un mensaje de amor, solidaridad y patriotismo.

En mi novela el tema principal es la evolución espiritual y en varias ocasiones experimenté junto con la protagonista ese proceso de trasformación tan complicado. Había sensaciones dentro de mí que tenía que contar, habían personajes que reclamaban un espacio y se los proporcioné en mis narraciones. El crecimiento místico del personaje frente al caos de la existencia. Lo irracional y lo absurdo emergen a cada instante y conducen a una racionalidad superior.

La búsqueda y el encuentro de la identidad de la protagonista a través de la intuición que experimenta. Ese descubrir que tiene poderes inusitados, desata en ella un abismo de confusiones. En medio de ese laberinto se destaca la búsqueda incesante de la verdad. El camino que tiene que recorrer en demanda de respuesta está lleno de escollos, de sufrimientos, de desencantos, de indecisiones y de traiciones, sin embargo nunca pierde la esperanza y al final encuentra respuestas a todas sus interrogantes y comprende que su misión es hacer el bien.

Cuando terminé la novela estaba muy delicada de salud, sin embargo me había hecho una promesa. La llevaría al Concurso Literario más importante del país. A partir de esta experiencia, deseo darles un consejo. Nunca desistan de soñar, cuando más cerca están sus sueños, más difícil se vuelven las cosas, sienten que todo es oscuridad, sin embargo a medida que se desvanece la duda, ese proceso de evolución se convierte en proceso de creatividad, Sólo una cosa hace imposible nuestros sueños, el miedo a fracasar. Mi determinación fue firme cumpliría la promesa de presentar mi obra al concurso, sería como vencer la enfermedad, sometiendo el sufrimiento, la debilidad y otras secuelas de mis malestares. Al alcanzar esa meta sentí una inmensa paz.

El día que los jurados del Concurso Ricardo Miró me distinguieron con la mención de honor en categoría de novela me sentí compensada y tuve la certeza absoluta que cuando en un trabajo converge dos energías pasión y paz una logra sus más anhelados objetivos.

Desde que comencé escribir mi primera novela han transcurrido dieciocho meses. En ese tiempo he terminado cuatro novelas, he escrito varios artículos de opinión para este diario y hace tres días inicié la quinta novela. Cuando se incursiona en la literatura una va desarrollando destrezas y talentos inimaginables que hacen que nuestras vidas se realicen y se enriquezcan.

El caos no beneficia a nadie

En los últimos días hemos visto en nuestro país personas que se dirigen a las mayorías y crean opinión en las masas gestando el caos y la violencia. Hemos visto como alimentan pasiones feroces, como promueven frenéticamente una campaña de desestabilización del orden. Hemos observado con estupor, polémicos y desquiciados agitadores, convertidos en líderes, cometiendo el más repugnante de los delitos, ofuscar y envenenar la conciencia pública, extraviando así a muchas personas en el tumulto y en la confusión. Esos individuos desahogan sus frustraciones cerrando calles y enfrentando a los agentes del orden público con palos y piedras. Muchos de ellos no saben a ciencia cierta el porqué de su protesta.

Todo esto lo hemos visto con indiferencia y nos hemos convertido en espectadores pasivos y en convidados de piedra. Pareciera ser que no nos importa. No obstante, esa peligrosa virulencia de los manifestantes anuncia una inesperada y cruenta violencia.

También hemos observado protestas ciudadanas responsablemente organizadas y en muchas ocasiones carentes del apoyo de las mayorías. Pareciera que en nuestro país nos hemos acostumbrado a las expresiones de violencia y desorden como único medio para demostrar nuestra desaprobación a una acción que nos afecta. Sin embargo, no debemos permitir que la única forma efectiva de proferir nuestro descontento tenga que ser anárquica y extremista.

Señores autoridades del orden público, a ustedes les corresponde imponer el orden, sin cometer los abusos o caer en las prácticas que en el pasado fueron repudiadas por la gran mayoría de los panameños. Háganlo respetando los derechos humanos de los manifestantes, no obstante, es un deber ineludible restablecer el orden y la libre circulación en las calles como La Constitución Política de nuestro país lo establece.

Hago un llamado a las personas que ha sido afectadas por la situación económica o por las medidas que ha tomado el gobierno. Busquen la forma de ser escuchados, promuevan el diálogo, hagan manifestaciones en orden, sin interrumpir el libre tránsito ni afectar a terceros y entonces verán como serán atendidos por las autoridades competentes y apoyados por los panameños que irán tomando conciencia de que en un régimen democrático se pueden manifestar nuestras necesidades y discrepancias de una manera civilizada.

Es impostergable promover una cultura para la democracia logrando una convivencia en paz, construyendo un espacio para el diálogo. Debemos tener la capacidad de entender y valorar la opinión de los demás, la disposición a discutir en pie de igualdad, la intención de llegar a acuerdos incluso por la transacción o mediante la sujeción a reglas preestablecidas. Estas actitudes y hábitos son los que permiten que el antagonismo no derive en conflicto.

Estoy segura que si se asumen esta actitud con responsabilidad vamos a poder resolver la mayoría de los problemas que tiene el pueblo panameño y lo podemos hacer sin caer en manifestaciones desenfrenadas que agraven la situación política del país y siembren el desconcierto y la desconfianza en los sectores de inversión. Es importante que tengamos presente que el caos no beneficia a nadie y que el orden es el guardián del universo.

¿Dónde está el ente regulador?

Desde hace varias semanas la Empresa Telefónica y la

Compañía Distribuidora de Energía Eléctrica anunciaron el aumento en las tarifas de consumo. Lo hicieron aduciendo que el contrato que ellos habían firmado con el Estado panameño los facultaba para tomar ese tipo de acciones, sin embargo en ningún momento dieron razones coherentes que justificaran ese incremento.

Las protestas no se hicieron esperar, los sindicatos de los trabajadores organizaron jornadas de reclamaciones e individualmente cada persona manifestaba su descontento con la medida, no obstante dichas protestas cayeron en oídos sordos. El gobierno trató de disminuir el efecto de la inconsulta medida sugiriendo la tarifa popular para beneficiar a los más pobres. Sin embargo con la mencionada tarifa las personas sólo tendrán el teléfono para recibir y para hacer sólo las llamadas de mucha, mucha urgencia.

La comunicación es un factor clave y muy importante entre los pueblos, con el aumento del servicio telefónico, en algunos planes hasta del 100%, va a ser un lujo que muy pocos panameños se van a poder dar. Si recordamos la tarifa que cobraba el Intel antes de la privatización el costo de la misma se ha incrementado en un 300%. Muchas personas no han tomado ninguna medida a respecto, pero si procedieran a cambiarse al plan más económico, o al plan estándar los que tienen la tarifa ilimitada y trataran de usar este servicio a discreción. Imagínese las que se le formaría a esta compañía si tuvieran que atender entre mil a dos mil solicitudes diarias para el cambio de planes. De ser esa la actitud de los usuarios esta empresa lo pensaría muy bien antes de volver a incrementar sus tarifas.

Con relación a la compañía eléctrica tampoco entiendo las razones del aumento. En varios países de Europa el servicio de energía eléctrica ha disminuido. Aquí en Panamá anuncian un aumento sin dar razones de peso. Los panameños tenemos que ahorrar energía para que el anunciado aumento no se vea reflejado en la facturación.

Después de todas estas reflexiones yo me pregunto ¿Dónde está el Ente Regulador? Recuerdo que anteriormente en varias ocasiones la compañía telefónica fue multada por prácticas irregulares. ¿Y ahora qué a pasado? ¿Por qué este silencio? Señores comisionados del Ente Regulador, el pueblo panameño está esperando que ustedes le exijan a la compañía CABLE & WIRELESS y a la Compañía EDEMET EDECHI razones coherente y justificadas para los incrementos en las tarifas. Si esas razones no existen entonces no se le permitan el aumento en el servicio. Olvídense de los contratos, ninguna ley está por encima de la moral. Hagan respetar el derecho de todo un pueblo de ser tratados con consideración y respeto.

Medicamentos genéricos: La gran estafa

En los últimos días se ha discutido mucho el asunto de la rebaja de los medicamentos. Este es un problema muy complejo y con muchas aristas. Tenemos que ser responsables para analizarlo y resolverlo. No podemos permitir que personas con marcados y aviesos intereses políticos tomen la bandera de la rebaja de los medicamentos para obtener ganancias electoreras. También pueden estar implicados otros tipos de intereses, pero tengan mucho cuidado, no subestimen al pueblo panameño, aquí todo se descubre.

Hay una falacia que se repite constantemente y es que los medicamentos genéricos tienen el mismo efecto terapéutico que cualquier otro medicamento que el médico haya recetado. Eso es totalmente falso. Pongo dos ejemplos:

En varias ocasiones me ha dado vasculitis de la piel y los médicos tratantes prescribieron el Meticorten. Este medicamento controlaba rápidamente el brote de la piel y solamente cuesta B/. 8.30. Inesperadamente el Seguro Social lo reemplazó por un similar genérico. A las cuarenta y ocho horas de estar tomando esa medicina tuve una recaída. Inmediatamente fui donde los especialistas y me sugirieron aumentar la dosis o comprar el medicamento. Los efectos colaterales del corticoide son muy peligrosos, por lo tanto, escogí comprar la medicina original y a los dos días estaba controlado el problema de la vasculitis.

El otro caso es con un medicamento para la taquicardia, el Lopresor. El genérico similar provoca como reacción secundaria, el fenómeno de Raynaud, en la cual piel se tornaban púrpuras al menor cambio de temperatura. Sin embargo, el Lopresor no causa este efecto.

Con estos dos ejemplos he probado que los similares genéricos pueden ocasionar problemas muy delicados para la salud de los pacientes. No quiero decir que no se tenga como una alternativa, sino que se extremen los cuidados para el manejo del tema de la rebaja de los medicamentos. No vaya ser que se elimine la posibilidad de contar con un buen producto y la única alternativa sean los genéricos.

Hago un llamado de atención a los médicos de este país para levante su voz de protesta. Ellos van a ser enormemente afectados, porque los pacientes no van a decir que las medicinas no le sirvieron, sino ¡qué médicos más incompetente, no ha tenido la capacidad de mejorarme! Y al Seguro Social, como garante de la salud, le solicito que evalúe la conveniencia del uso de los similares. Que lleve un estricto control de los beneficios terapéuticos y los efectos secundarios de estas medicinas, que no sea solamente el precio lo que se tome en cuenta. Un paciente que se puede curar en un término de dos meses con un medicamento de calidad, con un genérico inadecuado se les puede a complicar y van a tener que emplear más recursos y tiempo en su recuperación, si es que lo logran. Asimismo hago un exhorto a los políticos, sobre todo a los legisladores, ustedes tienen la obligación de velar por la salud y tranquilidad del pueblo panameño. No permitan que con el pretexto de la rebaja de las medicinas se haga sufrir más a las personas afectadas.

Como última reflexión hago un llamado a la conciencia de todas las personas, que de una u otra forma están involucradas en este tema, para que tengan compasión de los enfermos, muchas veces ellos no tienen fuerzas ni para luchar con sus malestares y si además se le adiciona la preocupación de la carencia de sus medicamentos. Esto sería un crimen de lesa humanidad.

Rescatemos la esperanza

Resido muy cerca del Hotel Panamá y escuchaba por casualidad desde mi casa la disertación de un político en una reunión de copartidarios. Su arenga era pesimista, incoherente y aburrida, lo que se puede llamar un discurso agotado; sin embargo, me inspiró a escribir este artículo para contrarrestar su profecía del desastre.

Es cierto que todos los panameños estamos viviendo una constante inestabilidad financiera producto de un nuevo orden económico; sin embargo, este es un problema mundial. Hay que reconocer, en primera instancia, que no nos preparamos para los cambios. Nos encontramos paralizados por el miedo y la inseguridad; y nos podemos convertir en espectadores de la catástrofe. Lo más lamentable es que nos hemos anclado en el pasado en busca de la antigua seguridad de años atrás y hemos sido incapaces de aceptar los retos y los cambios inminentes.

El antiguo modelo económico está caduco y es un muerto que se resiste a ser enterrado y, equivocadamente, nos hemos pasado años en el velorio de ese pasado, que no volverá a ser presente ni futuro. Triste, deprimidos, inerte y sin esperanza naufragamos a la deriva, carentes de un proyecto definido, sin fuerzas para pensar, planificar y mucho menos trabajar. Levantando de vez en cuando nuestra mirada solicitando que caiga maná del cielo y que nos salve de perecer en esta terrible situación. Los pesimistas de siempre han encarcelado la esperanza; no obstante, podemos rescatarla, esto no va a ser una tarea fácil, pero estoy segura que lo lograremos.

Confrontando una de las peores “crisis”, el sistema de valores se resquebraja y se hunde, la mayoría de los negocios están en quiebra, algunos políticos extraviados pensando en sus intereses personales se han olvidado de la patria y del pueblo que los eligió, y a la hora de aprobar una ley para el beneficio de las mayorías soslayan su responsabilidad y eluden su compromiso. Las personas, unas deprimidas, otras desesperadas y otras indiferentes no hacen otra cosa que lamentarse. No podemos encerrarnos en los modelos del ayer, tampoco son apropiadas las actitudes conformistas. Tenemos que desafiar el desánimo y la desesperanza. Debemos caminar con paso firme hacia los cambios que nos impone un nuevo orden mundial.

El orden social existente se desmorona y cae estrepitosamente. Hay que actuar de inmediato. Después de incontables desafíos y puertas cerradas tenemos que encontrar una puerta abierta y esa es la puerta de la esperanza. Hagamos una práctica constructiva, erradiquemos el pesimismo de nuestras vidas y levantemos nuestra mirada al cielo, no para esperar que Dios nos solucione nuestros problemas, sino para pedirle la sabiduría necesaria para realizar un cambio de actitud; de esa manera liberar nuestra mente, nuestra inteligencia y nuestra voluntad; y así tener una visión innegable de la realidad presente y una imagen más clara de las alternativas para el futuro. Aceptemos los hechos sin falsas expectativas y sin una visión fatalista, tratando de encontrar el equilibrio.

La humanidad se enfrenta a la más profunda conmoción social y reestructural creativa de todos los tiempos; aunque sea difícil de creer, hay numerosas razones para el optimismo. Elevemos nuestras fuerzas espirituales a nuevas alturas, por encima de la situación económica imperante, del desempleo, de la pobreza, de la indiferencia de algunos políticos y de nuestro constante pesimismo. Recuperemos de una vez por toda la esperanza; y trabajemos todos juntos por nuestro país, por nuestras familias y por los marginados sociales con esa valentía, esa alegría y ese optimismo que antecede al triunfo.