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Rescatemos la esperanza

Rose Marie Tapia R.

Es cierto que los panameños estamos viviendo una constante inestabilidad financiera producto de la corrupción; sin embargo, este es un problema mundial. Hay que reconocer, en primera instancia, que nos encontramos paralizados por el miedo y la inseguridad. Nos podemos convertir en espectadores de la catástrofe. Lo más lamentable es que nos hemos anclado en el pasado en busca de la antigua seguridad de años atrás y hemos sido incapaces de aceptar los retos y los cambios inminentes.

El antiguo modelo económico está caduco y es un muerto que se resiste a ser enterrado y, equivocadamente, nos hemos pasado años en el velorio de ese pasado, que no volverá a ser presente ni futuro. Triste, deprimidos, inerte y sin esperanza naufragamos a la deriva, carentes de un proyecto definido, sin fuerzas para pensar, planificar y mucho menos trabajar. Levamos nuestra mirada solicitando que caiga maná del cielo y que nos salve de perecer en esta terrible situación. Los pesimistas de siempre han encarcelado la esperanza; no obstante, podemos rescatarla, esto no va a ser una tarea fácil, pero estoy segura de que lo lograremos. Confrontando una de las peores “crisis”, el sistema de valores se resquebraja y se hunde, la mayoría de los negocios están en quiebra, algunos políticos extraviados pensando en sus intereses personales se han olvidado del país y del pueblo que los eligió, y a la hora de aprobar una ley para el beneficio de las mayorías, soslayan su responsabilidad y eluden su compromiso.

Las personas, unas deprimidas, otras desesperadas, y otras indiferentes no hacen otra cosa que lamentarse. No podemos encerrarnos en los modelos del ayer, tampoco son apropiadas las actitudes conformistas. Tenemos que desafiar el desánimo y la desesperanza. Debemos caminar con paso firme hacia los cambios que nos impone la situación imperante.

El orden social existente se desmorona y cae estrepitosamente. Hay que actuar de inmediato. Después de incontables desafíos y puertas cerradas debemos encontrar una puerta abierta y esa es la puerta de la esperanza. Hagamos una práctica constructiva, erradiquemos el pesimismo de nuestras vidas y levantemos nuestra mirada al cielo, no para esperar que Dios nos solucione nuestros problemas, sino para pedirle la sabiduría necesaria para realizar un cambio de actitud; de esa manera liberar nuestra mente, nuestra inteligencia y nuestra voluntad; y así tener una visión innegable de la realidad presente y una imagen más clara de las alternativas para el futuro. Aceptemos los hechos sin falsas expectativas y sin una visión fatalista, tratando de encontrar el equilibrio.

La humanidad se enfrenta a la más profunda conmoción social y reestructural creativa de todos los tiempos; aunque sea difícil de creer, hay numerosas razones para el optimismo. Elevemos nuestras fuerzas espirituales a nuevas alturas, por encima de la situación económica imperante, del desempleo, de la pobreza, de la indiferencia de algunos políticos y de nuestro constante pesimismo. Recuperemos de una vez por toda la esperanza; y trabajemos todos juntos por nuestro país, por nuestras familias y por los marginados sociales con esa valentía, esa alegría y ese optimismo que antecede al triunfo.

Las Olvidadas

Rose Marie Tapia R. Escritora

Meses atrás leí un libro que me encantó LAS OLVIDADAS de Ángeles Casos de Editorial: Planeta. A continuación un breve comentario.

Siglo tras siglos en las páginas de la historia universal, la obra de muchas mujeres ha quedado sepultada bajo el peso de la misoginia, la tradición patriarcal y la ignorancia. Pero tanto en el arte como en la filosofía y en la literatura, desde el siglo XI al XVII, la autora descubre nombres de mujeres, tesoros milenarios, raras gemas que con su belleza y valor completan el legado histórico que se forjó en estos siglos.

Hildegarda de Bingen, quien hasta el año de su muerte, en 1179, fue conocida en las tierras de la actual Alemania por haber fundado el primer monasterio femenino, por sus conocimientos musicales y por sus brillantes tratados sobre el poder curativo de las plantas, considerados el origen de la moderna medicina natural. Cristina de Pisan, la primera escritora profesional de la historia, poeta, historiadora y tratadista.

También en España existieron nombres silenciados por el peso de la tradición machista: Luisa Roldán o Isabel de Villena se unen a los nombres de monarcas pioneras como Margarita de Navarra e Isabel la Católica. Las vidas de todas ellas, marcadas por las injurias y por el desprecio hacia su condición femenina, constituyen un testimonio único de la lenta evolución del pensamiento universal hacia el reconocimiento de las capacidades de la mujer, demostrando que a pesar de los límites de la religión, la política y las sociedades quisieron imponer, el ingenio, la valentía y la inteligencia no tiene género.

Todavía en el siglo XX1 se discrimina a la mujer, aunque hemos demostrado que escribimos tan bien o mejor que los hombres. Las escritores debemos soportar opiniones machista, misóginas, retrógradas. Pocas veces estas personas que nos menosprecian atacan a un hombre. ¿Por qué será? En este país, como en muchos otros, es más difícil ser escritora que escritor.

La solidaridad

Rose Marie Tapia R.

La solidaridad es una relación de fraternidad, una virtud que debe ser entendida como condición de la justicia. Por lo tanto, la solidaridad se convierte en un complemento de la justicia. Es importante destacar el hecho de que la solidaridad implica afecto, la ayuda desinteresada a las personas marginadas por la pobreza, la comprensión al maltratado y el apoyo al perseguido. La solidaridad no funciona como un deber distante e impuesto desde la autoridad. Funciona cuando el incentivo de actuar proviene de una acertada educación en valores ético-morales.

En la actualidad existe una creciente demanda de solidaridad, y ésta implica justicia social. No se trata únicamente de compasión por los males y sufrimientos de los demás, sino que se requiere y se exige un comportamiento ético, responsable y fraterno, que las decisiones tengan una dimensión social además de personal. Vivimos en una sociedad individualista, indiferente y egoísta. No nos ocupamos de las personas que sufren. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con situaciones que requieren de nuestra solidaridad y volteamos la cara para ignorarlas? Como si con esta actitud los problemas fueran a desaparecer. Conviene predicar y practicar la solidaridad, porque la falta de esa virtud revierte en una vida vacía, hueca, deficiente y carente de sentido. Muchas veces me he preguntado ¿Cómo podemos conseguir que la gente, sea solidaria? Empecemos por educar a la familia, porque la familia es pilar fundamental de la sociedad. Hagamos un llamado al civismo, al respeto por nuestros recursos ecológicos y, en especial, por las personas.

Partiendo de la base de que la solidaridad se ejercita, desde y en la experiencia. La finalidad debe ser que cada persona aprenda a meditar sobre temas de responsabilidad socio-moral, es decir, desarrolle formas de pensamiento de asistencia, ayuda y orientación hacia los más desamparados. Aprender a aplicar esta capacidad de juicio a la propia vida personal y colectiva para mejorarla. Pero, sobre todo, lo que se busca es superar el nivel de discernimiento. Por lo tanto, podemos dirigir el ámbito de la solidaridad al desarrollo de una serie de dimensiones morales que, sin duda, faciliten un aumento de la autonomía, un espíritu crítico y el desarrollo de determinados valores y actitudes.

Debemos ser conscientes de que los valores de la sociedad consumista e individualista son más atractivos que la solidaridad, porque estimulan el egocentrismo narcisista de que lo que poseemos o lo que hacemos nos pone en el centro de todas las miradas, el mundo pendiente de nosotros. Sin embargo, si nos comprometemos en la instauración de prácticas cívicas, rutinas que muestren la deferencia y el respeto que se merecen las personas, sobre todo lo más desvalidos iremos construyendo una patria unida, justa y solidaria.

Lo anterior no significa liberarlos de sus responsabilidades consigo mismos y con los que les rodean, todo lo contrario, hacerles más responsables de la calidad de sus decisiones y lo que ellas afectan a los demás, aquel que recibe solidaridad debe estar dispuesto a ejercer la suya, sino nada tendría sentido. Es fundamental alentar a las personas a tomar decisiones, participando en acciones concretas que incidan en sus comunidades. Tampoco hay que olvidar emprender desempeños frente a los problemas de carácter más amplio mediante nuestra participación en campañas o apoyando proyectos de cooperación. La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales y culturales.

¿Cuántas escuelas son saqueadas en las vacaciones? ¿Por qué la comunidad no se organiza para cuidar sus planteles? Ese recinto de sabiduría, que tanto necesitan sus hijos. Si emprendemos con entusiasmo esa tarea, seremos capaces de actuar ante dificultades más grandes y organizarnos para emprender todos juntos la reconstrucción de una persona solidaria, de una familia solidaria, de una sociedad solidaria, de una nación solidaria y de un mundo solidario.

La alegría

Rose Marie Tapia R.

Voy a compartir con ustedes una reflexión sobre la alegría y al hacerlo deseo brindarle un homenaje a la memoria de mi madre, Rosa de Tapia, la persona más risueña y alegre que he conocido. A pesar que hubo momentos en su vida en la que tuvo que enfrentar situaciones difíciles, siempre conservó esa alegría a toda prueba, porque su felicidad estaba fincada en una fe inquebrantable.

En este mundo lleno de estrés, qué gratificante es encontrarse con personas alegres, ellas llevan la luz de Dios en su mirada y en su sonrisa y realmente nos iluminan la vida, porque con su alegría, siembran esperanza y nos dan fuerzas para seguir adelante.

La alegría es la esencia más importante y necesaria de la vida, no se compra ni se vende, sin embargo, cualquiera persona daría toda su fortuna por ser feliz. Alguien dijo en una ocasión: si yo tuviera que pedir un don, un sólo don, pediría, y creo que sin dudarlo, que me fuera concedido el supremo arte de sonreír. Los afanes de la vida cotidiana nos hace cada día más insensibles, no tenemos tiempo para cultivar la alegría de vivir. Cada día estamos más cansados, más hastiados y más triste, la depresión es colectiva. Hagamos un alto en el camino. Tenemos muchos más motivos para estar alegres que para estar abatidos.

Hoy en día las personas viven una vida apresuradas, por lo tanto, han perdido su alegría y han extraviado ese gran tesoro, el cual tienen que reencontrar. Es muy triste vivir siempre con prisa, pasamos por la vida corriendo, abriéndonos paso a empujones para alcanzar metas que nos imponen una sociedad frívola, consumista y materialista. Hasta la manera que tenemos de divertirnos es tan agotadora, tan vacía, que muchas veces esa diversión es falsa y cada vez hay en ello menos alegría verdadera. Sólo nos aturde y nos hace olvidar temporalmente nuestros problemas.

Todos, en algún momento, hemos experimentado el dolor de los contratiempos, de las mentiras, de los desengaños, del cansancio, del fracaso y de las derrotas, pero hemos aprendido que con la actitud positiva y correcta, podemos superar todos esos acontecimientos.

La mejor forma de capacitarnos en la alegría es sonriendo. Todos en nuestra mente tenemos a una persona que en una ocasión nos ofreció una sonrisa, y ese recuerdo permanece para siempre en nuestra memoria. Recuperemos ese recuerdo y cuando la alegría brille en nuestros ojos, la confianza abrirá las puertas del éxito. La alegría nos es dada a través de las pequeñas cosas de la vida, contemplar el amanecer, la sonrisa de un niño, el canto de los pájaros, la buena música, recordar un poema, la lectura de buenos libros, el servicio generoso que le hacemos al prójimo, el deseo de superación personal y la participación activa en la sociedad a la que pertenecemos.

Tratemos de sonreír más a menudo, la sonrisa contagia la serenidad y la paz. La sonrisa es la mejor medicina para el alma abatida por el sufrimiento. Todos tenemos la imperiosa necesidad de ser tratados con amabilidad.

Se acercan las fiesta de Navidad y año nuevo que mejor regalo que una sonrisa, que mejor reglo que alegrar a un niño triste, que mejor regalo que acompañar a un anciano que vive en soledad. Ninguno regalo se puede comparar con dar alegría y sentirla.

El caos no beneficia a nadie

Rose Marie Tapia R.

En los últimos días hemos visto en nuestro país personas que se dirigen a las mayorías y crean opinión gestando el caos y la violencia. Hemos visto como alimentan pasiones feroces, como promueven frenéticamente una campaña de desestabilización del orden. Observamos con estupor, polémicos y desquiciados agitadores, convertidos en líderes, cometiendo el más repugnante de los delitos, ofuscar y envenenar la conciencia pública, extraviando así a muchas personas en el tumulto y en la confusión. Esos individuos desahogan sus frustraciones cerrando calles y enfrentando a los agentes del orden público con palos y piedras. Muchos de ellos no saben a ciencia cierta el porqué de su protesta. Todo esto lo hemos visto con indiferencia y nos hemos convertido en espectadores pasivos y en convidados de piedra. Pareciera ser que no nos importa. No obstante, esa peligrosa virulencia de los manifestantes anuncia una inesperada y cruenta violencia.

También hemos observado protestas ciudadanas responsablemente organizadas y en muchas ocasiones carentes del apoyo de las mayorías. Pareciera que en nuestro país nos hemos acostumbrado a las expresiones de violencia y desorden como único medio para demostrar nuestra desaprobación a una acción que nos afecta. Sin embargo, no debemos permitir que la única forma efectiva de proferir nuestro descontento tenga que ser anárquica y extremista.

Señores autoridades del orden público, a ustedes les corresponde imponer el orden, sin cometer los abusos o caer en las prácticas que en el pasado fueron repudiadas por la gran mayoría de los panameños. Háganlo respetando los derechos humanos de los manifestantes, no obstante, es un deber ineludible restablecer el orden y la libre circulación en las calles como La Constitución Política de nuestro país lo establece.

Hago un llamado a las personas que ha sido afectadas por la situación económica o por las medidas que ha tomado el gobierno. Busquen la forma de ser escuchados, promuevan el diálogo, hagan manifestaciones en orden, sin interrumpir el libre tránsito ni afectar a terceros y entonces verán cómo serán atendidos por las autoridades competentes y apoyados por los panameños que irán tomando conciencia de que en un régimen democrático se pueden manifestar nuestras necesidades y discrepancias de una manera civilizada.

Es impostergable promover una cultura para la democracia logrando una convivencia en paz, construyendo un espacio para el diálogo. Debemos tener la capacidad de entender y valorar la opinión de los demás, la disposición a discutir en pie de igualdad, la intención de llegar a acuerdos que permiten que el antagonismo no derive en conflicto. Estoy segura de que si se asumen esta actitud con responsabilidad vamos a poder resolver la mayoría de los problemas que tenemos y lo podemos hacer sin caer en manifestaciones desenfrenadas que agraven la situación política del país y siembren el desconcierto y la desconfianza en los sectores de inversión. Es importante que tengamos presente que el caos no beneficia a nadie y que el orden es el guardián del universo.

Aunque sola, feliz

Rose Marie Tapia R.

En estos tiempos de navidad y año nuevo, las personas solas tienden a deprimirse. Piensas que necesitan desesperadamente una pareja. Pero, en ocasiones una pareja nos acompaña o mejor dicho ocupa un espacio a nuestro lado, pero no siempre nos hace feliz. Buscar pareja a cualquier costo es contraproducente, incluso puede hacernos desdichados. Esta observación me hace recordar la poesía: Soledad de Rogelio Sinán:

Traje a ti mi soledad para que le dieras alma.

Pero la dejaste sola en el camino

¡que sola dejaste mi soledad!

¡Pensar que te la traje a ti

para que le dieras alma¡

La soledad es un término relativo. Cuantas veces nos hemos sentido solas entre una multitud y cuantas otras nos hemos sentido acompañadas en soledad. Paradójico, pero cierto. Cuando oramos sentimos que Jesús nos acompaña, nos toma de la mano y calma nuestras angustias. No se trata de cerrar las puertas de nuestro corazón a la buena compañía, al amor. No. Sino, eliminar las búsquedas absurdas, las falsas expectativas y abandonamos a la voluntad de Dios, entonces, jamás nos deprimiremos. La lectura es un paliativo a la soledad, un buen libro es una buena compañía. Seamos creativos porque no es la soledad la que nos entristece, sino dedicarnos horas a pensar en ella.

En ocasiones las personas solas, tienen una baja autoestima. Les recomiendo que miren su situación desde otro punto de vista. Usaré la metáfora de La Estrella del Norte, se desplaza en solitarios por el firmamento, sin embargo, sirve de guía a las caravanas. Seamos esa Estrella del norte y ayudemos a los demás en sus problemas y dificultades. La personas que están al servicio de los demás, jamás estará sola. Búsquenos un propósito en la vida y terminará nuestra soledad y nuestra tristeza.

Adicciones en la oscuridad

Rose Marie Tapia R.

A través de la literatura se puede tratar cualquier tema, pero qué difícil es hacerlo, en el caso de las adiciones “no tóxicas”, sin ser un especialista. ¿Por qué este tema? En la novela: “Mujeres en Fuga" se desarrollan tres adicciones, la ludopatía, la adicción afectiva y la adicción a la compra, en la vida de tres mujeres: Rebeca, Camila y Zorel. Estas historias se entrelazan y encuentran en la terapia de grupo.

En el caso de la ludopatía, esta adicción se confunden con el entretenimiento y sus víctimas dice a menudo: “es solo diversión”. Caminan al borde del abismo y no lo saben. Entran al infierno y piensan que están en una fiesta. En la adicción afectiva, se creen que son mujeres que aman demasiado y que están enfermas de amor. En el caso de la compra compulsiva las adictas expresan que están en la moda, que para mejorar su imagen necesitan comprar, comprar y comprar.

La investigación sobre el tema fue muy ardua. Las lecturas de los libros recomendados fue un proceso lento, pero efectivo. Una amiga, catedrática de la Universidad de Panamá, Yolanda Crespo me recomendó la lectura de varios libros: Agresión de Leonard Berkowitz; Maltrato y abuso en el ámbito doméstico, Jorge Corsi; Del tener al ser; La patología de la normalidad, Erich Fromm; Formaciones de lo Inconsciente; La psicología de la transferencia, La maestría del amor Miguel Ruiz; Una tregua ante las dificultades, Walter Eckard, entre otras.

En la investigación in situ, visité los casinos en una acción encubierta y percibí cierta peligrosidad, ya que podían sospechar mis intenciones, no obstante, era importante descubrir el mundo oscuro de la ludopatía. Fue toda una aventura y me sentía como una espía. Me senté frente a una máquina y pedí a uno de los asistentes que me instruyera. Con la primera moneda de 0.25 me gané 79.00 dólares. Suerte de principiante. No saben la euforia que experimenté. Entonces comprendí que ese era el primer paso para caer en el pantano de la pasión por el juego.

En las entrevistas encontré cierto grado de complicación, porque la mayoría de las adictas están en negación. Entonces, recurrí a la Internet y cuando se escudan en el anonimato de un “nic”, confiesan el tenebroso mundo de la ludopatía. La compradora compulsiva es abierta y muestra todas sus compras. La mujer con una adicción afectiva habla todo el día de aquel maravilloso hombre: único motivo de su existencia.

Otra de las investigaciones para conocer los sentimientos de la compradora compulsiva la realicé en Multi Plaza. Después de varias vueltas por el centro entré a un almacén que vendían perfumes. De pronto, sentí una rica fragancia que emanaba de una señora que estaba siendo atendida por la vendedora. A cierta distancia escuché el diálogo.

—Por favor, póngame la muestra en el dedo índice —le dijo a la dependiente, señalando un pequeño envase de cristal en lo alto del mostrador, fueron varios los perfumes, perdí la cuenta, pero ya no le quedaron dedos para oler; todos se habían ido poblando, uno por uno, de un nuevo olor, de una nueva tentación inexorable. La vendedora los veía pasar, u—n—o—p—o—r—u—n—o, por la nariz de su clienta. A veces se detenía y se dejaba embriagar por el dulzor de éste, o la esencia cítrica de aquél, o la penetración del que decía estar hecho con una conjunción de flores y finas hierbas. Y los deslizaba despacio, u—n—o—p—o—r—u—n—o, muy despacio. Y la mirada que permanecía fija en la distancia. Y las cejas arqueadas. Y la boca entreabierta. Y de repente los ojos cerrados. Y otra vez abiertos, con brusquedad. Y un respirar profundo, como si la vida se escapara, como si no fuera posible respirar más, o elegir la senda de su salvación. Y, más tarde, una enorme sonrisa que le iluminaría el semblante, aún en éxtasis, para cuando la vendedora le preguntó, impaciente:

—¿Cuál se va a llevar, señora?

Reaccionó como quien despierta de un sueño.

—Con calma —le dijo— No me gusta apresurarme.

La vendedora estaba incómoda, esperaba impaciente y molesta. Vuelve a preguntar cuál compraría. La señora le responde.

—La verdad es que, como me cuesta decidirme, los voy a llevar todos.

—¿Los diez?

—¿Algún problema con eso?

—¡No, para nada, le aseguro que no se va a arrepentir!

El esfuerzo de este trabajo investigativo se vio compensado con el testimonio de varias adictas-lectoras que han tomado conciencia de su problema y buscan alternativas de solución. Han comprendido que el primer paso es la aceptación y el segundo, buscar ayuda especializada. Ellas han dado esos dos pasos en la senda de la recuperación. Permítanme referirme al más reciente. Estaba negociando un contrato de Edición con los ejecutivos de Gran Morrison y de repente se acercó una señora y me preguntó si yo era Rose Marie Tapia, entonces me contó uno de los testimonios más bellos que he recibido en mi carrera de escritora. Ella tenía una adicción afectiva y producto de su enfermedad no podía dejar a su pareja. Esta novela la hizo tomar conciencia, buscó a un psicólogo y después de meses de terapia se separó de ese hombre que la maltrataba y disminuía su autoestima. Un año después se enamoró del hombre adecuado y ese día en particular en compañía de unos amigos celebraba su matrimonio civil. Conmovida afirmó que Dios había propiciado ese encuentro para darme las gracias.

Mi objetivo con esta novela es hacer un llamado a la conciencia de las personas que ya son adictas y a otras que piensan que se divierten y están a punto de caer en el abismo de la adicción. Busquen ayuda, no están solas.

La novela Mujeres en Fuga es una luz en la oscuridad de las adicciones. Que las personas con problemas similares a los personajes de esta obra se den cuenta de que la vida es alegría y que en sus corazones siempre encontrarán la esperanza para seguir adelante y vencer cualquiera adversidad. La alegría nos hace más ligera la carga. La alegría no es un estado de ánimo, sino una decisión que podemos tomar aquí y ahora.